La capa de placas que llevaba Tristan, el Caballero de las Llamas.
Las hombreras, inspiradas en la cabeza y las alas de un dragón, desvían con elegancia los golpes enemigos. Los bordes desgastados y ennegrecidos guardan el recuerdo de las batallas más encarnizadas, mientras que en lo más profundo del equipo aún persiste un calor tibio que nunca se ha apagado.
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