Guantes de placas que llevaba Tristan, el Caballero de las Llamas.
Sus uniones afiladas, imitando las garras de un dragón, y las tachuelas metálicas dispuestas con precisión, desvían las hojas enemigas y refuerzan la fuerza de la mano que empuña el arma. Tras incontables batallas, el metal se ha ennegrecido por el fuego, pero en el interior aún persiste un calor tibio, huella de un dueño ausente.
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