Vela grande que une el viento con la embarcación. En medio de una oscuridad absoluta, el barco alcanzó por fin el puerto que se ocultaba tras la niebla. Allí no había nadie esperando, pero los marineros ya no tenían lugar alguno al que regresar. La vela, teñida de negro, permaneció en aquel mar al que no llega la luz y prosiguió su peregrinaje eterno.