Calzado de placas que perteneció a Merrick, el Caballero de la Fortuna.
El metal dorado envuelve las espinillas y el empeine, desprendiendo un brillo cegador bajo la luz del sol que atrae todas las miradas. Pero el grosor de las placas es irregular y el acabado resulta tosco, por lo que parecen vulnerables ante los impactos; es evidente el rastro de haber renunciado a parte de su funcionalidad en favor de la ostentación.
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