Tras muchos intentos fallidos, seguí ajustando con precisión el yelmo estelar para controlar con mayor exactitud la intensidad y la dirección de la longitud de onda.
Justo cuando todos empezaban a perder la paciencia, presenciamos algo increíble.
Las líneas que creíamos que eran haces de luz se desplegaron en todas direcciones y se transformaron en una inmensa red de constelaciones.