Una cueva oculta entre los riscos de la montaña del Lobo Argento. En su día fue el origen de las aguas que fluían por la montaña, pero el arroyo se congeló y esculpió la caverna tal y como la conocemos hoy en día. Monedas abandonadas, dejadas por viajeros desconocidos, siguen esparcidas en sus profundidades heladas.