A diferencia de los dragones, los guivernos tienen un cuerpo estilizado, con un largo cuello que desemboca en una cabeza pequeña. Esta anatomía les permite internarse con precisión por estrechas grietas del terreno y, gracias a su velocidad y su carácter agresivo, poseen un gran potencial como armas de guerra.
Sin embargo, sienten tal apego por sus huevos que apenas quieren alejarse del nido, lo que dificulta enormemente su adiestramiento. Además, su población aumenta con demasiada lentitud.
Tras masacrar a los habitantes de las aldeas cercanas y alimentar a los guivernos con mis propias manos, he logrado domesticarlos. Ahora investigo la manera de aumentar yo mismo su número.