Por mucho que cierre los ojos, la masacre de aquel día no se borra.
Por mucho que cierre los ojos, los gritos ensordecedores me siguen retumbando en los oídos.
Cuesta creer que la tortura infligida por la Segadora de la Luna Nueva fuera obra de un ser humano.
El sonido de algo desgarrándose y el hedor a carne quemada llenaban por completo la habitación.
Cuando al fin cesó aquel sufrimiento que parecía eterno, sus ojos ya habían perdido el brillo.
En sus pupilas totalmente vacías no se percibía emoción alguna, salvo un odio puro.
Hoy ha llegado la orden de trasladarlo a Odeck.
Solumen, no puedo soportar el miedo a las calamidades que están por venir.