Zorra repugnante,
me tratas como a un loco
y crías a mi criatura como si fuera de ese desgraciado,
¿y aun así puedes sonreír así?
El olor del aceite perfumado de tu cuerpo
me repugna más que la sangre y el pus que manan del mío.
Recuperaré a mi criatura cueste lo que cueste
y cubriré vuestros cadáveres con las sedas que lleváis tú y ese malnacido.