Al estimado señor Gregor:
Confío en que la pequeña muestra de consideración que le envié la última vez haya llegado a sus manos sin contratiempos. Espero que le proporcionara una modesta alegría.
Le escribo porque mi hijo acaba de regresar de un viaje por el continente oriental con una piedra ornamental extraordinariamente rara.
Según me contó, en cuanto la encontró pensó en usted, a quien tanto admira y respeta. Tengo entendido que últimamente se interesa mucho por Oriente. Mi hijo insistió una y otra vez en que debía hacérsela llegar, convencido de que le causaría una gran alegría al verla, así que aquí se la envío.
Se dice que esta piedra alberga desde tiempos remotos una energía prodigiosa y que basta tenerla cerca para fortalecer a su dueño y atraer la buena fortuna.
Como alguien que desea su bienestar más que nadie, no me cabe duda de que el poder de esta piedra velará eternamente por su salud y su tranquilidad.
Los pocos objetos que la acompañan no son nada extraordinario, pero sería para mí un gran honor que los aceptara como muestra de la consideración de mi hijo y de la mía.
Espero con ilusión el día, ojalá próximo, en que pueda visitarlo en persona para presentarle mis respetos.