La Cueva del Risco Ventoso, oculta tras una cascada, se abre a través de una estrecha entrada a un largo pasillo por donde fluye una brisa fresca. El viento suave recorre el camino, dibujando un hilo de plata sobre los muros de piedra. Aquí, el viento deja de ser solo aire y se convierte en el aliento vital de la cueva.