Al gran general Bastier:
Me he enterado de que dictarás sentencia sobre la condesa Azerian personalmente. Dudo que esa miserable pueda imaginarse un honor mayor. No obstante, te pido humildemente que me permitas ocuparme del castigo de otros traidores: la casa Elemore. Haré que quienes se entrometan en nuestro camino paguen un precio terrible que servirá como aviso para todo el mundo. Que tu valor arda aún más.
Un cordial saludo,
—La condesa Marshell