Necesitamos una hierba con un aroma delicado.
Uno de los parroquianos de la iglesia lleva días sin poder dormir; no para de darle vueltas a la cabeza.
Se queda mirando a la nada, como si estuviera en otro mundo. Si no actuamos pronto, podría ir a más.
Conocí a una persona con esos mismos síntomas; volvió a la normalidad con una hierba aromática, que desprendía un olor suave y reconfortante.
Si puedes encontrarla y llevarla a la iglesia, le devolverías la paz mental a ese pobre hombre.
Por el bien de nuestro parroquiano, quedamos a la espera del salvador que esté dispuesto a echarnos una mano.
— Alfred, de la iglesia de Hernand