En los tiempos de la gran guerra primordial, permanecía dormida un arma ancestral que abrasó el mundo entero durante siete días y siete noches.
Si alguien osara despertarla, la Vea de Dios se derramaría desde los cielos sobre esta tierra.
Sensatos sed y volved sobre vuestros pasos, necios, antes de presenciar vuestra propia perdición.