Adeline, la monja.
Se encarga de la atención médica y de las comidas para los trabajadores de la reconstrucción, además de escuchar las penas de los lugareños. Según ella, tanto Ella, la representante de los trabajadores, como el herrero, se dejan la piel trabajando día y noche. Se queja de Robert, el supervisor, por ser excesivamente estricto con los plazos.