Una reliquia sagrada de la Orden de Solumen. Los sacerdotes, que valoran la austeridad, recelan de su esplendor, aunque algunos creen que su belleza refleja la autoridad de la Orden.
Se puede empaquetar como mercancía a través del encargado de suministros del campamento o en el taller de carros y venderlo en el puesto comercial para conseguir fondos del campamento.