Las facciones de la araña reina tejen sus telas de araña con intenciones siniestras. Quienes se acercan al castillo de Arboria sienten el acecho de miles de ojos. Las crías y los fieles siervos de la araña reina neutralizan al instante a los enemigos para ofrecérselos a su soberana. Los intrusos que acaban ante la presencia de la reina terminan suplicando una muerte rápida.