Administrador de carros de Urdavah.
En la Vía Salina, donde la codicia de los mercaderes y la devoción de las peregrinas coexisten de forma extraña, hay alguien que cree que cada encuentro e intercambio es obra de la voluntad divina. Su comportamiento excesivamente fatalista a veces resulta pesado para sus conocidos, pero frente a los clientes muestra una actitud estrictamente profesional.