La Iglesia de Solumen prohíbe originalmente los milagros o el azar.
Sin embargo, la Santa Senia realizó su primer milagro al abrir un camino en un precipicio para proteger a quienes huían de los infieles. Aquellos que subieron por ese sendero se asentaron en la cima y fundaron lo que hoy es Senia. Desde entonces, se dice que quienes anhelan un milagro visitan este lugar para rezar con fervor ante la reliquia de Senia.