Al estimado señor Gregor:
Recientemente llegó a mis manos un objeto bastante inusual. Sin embargo, todo objeto alcanza su verdadero esplendor únicamente cuando encuentra a un dueño capaz de apreciar plenamente su valor y elevar aún más su distinción.
En cuanto vi esta mercancía, quedé convencido de que solo usted, señor Gregor, podría hacer que semejante tesoro alcanzara su auténtico valor.
No me cabe duda de que incluso este objeto se sentirá complacido al llegar a sus manos, como si finalmente hubiera encontrado el lugar al que pertenece.
Espero que esta humilde muestra de mi sinceridad lleve un poco de alegría a su vida cotidiana.
Por temor a que los miserables sirvientes responsables de obtener la mercancía intenten satisfacer su codicia y terminen faltándole al respeto, he incluido una pintura en la que se muestra el aspecto exacto del objeto que se le entregará.
Si el objeto recibido presenta la más mínima diferencia respecto a la pintura o llega con algún daño, le ruego que me lo comunique de inmediato. Haré capturar y azotar al miserable responsable hasta erradicar por completo tan insolentes costumbres.