Esa bestia era distinta a cualquier otro depredador que haya perseguido en toda mi vida.
Su pelaje, negro como la azabache, era tan oscuro que parecía tragárselo todo. Tenía un tamaño varias veces superior al de un humano; un solo rasguño de sus garras bastaba para cortar hasta los huesos y partir un cuerpo en dos.
El maldito fue tan astuto que nos atrajo a lo profundo del bosque para cazarnos. Fui el único que logró salir con vida a duras penas, pero la criatura aún ronda por aquí cerca y el miedo no me deja dormir.
Por favor, quienquiera que seas, acaba con la vida de ese monstruo negro...