Un oasis que todo peregrino que cruza el Desierto Rojo debe buscar. El agua cristalina brota sin cesar para saciar la sed de esta tierra desolada, mientras que las palmeras y los arbustos se mecen y proyectan una sombra acogedora. Las huellas y las historias de los peregrinos que han pasado por aquí se han acumulado con el tiempo, lo que le ha valido a este oasis la reputación de ser un pequeño santuario en medio del desierto.