Cuando sigues la hoja del enemigo con la mirada, ya es tarde.
Debes despertar tus sentidos en el instante en que su mirada sedienta de sangre se posa sobre tu piel.
No te acobardes ante el golpe.
Mantén la calma y enfrenta la hoja justo antes de que te alcance.
Esto es más que simple defensa, se convertirá en un muro de hierro que repelerá a tus enemigos.
En momentos de peligro, da un paso audaz y ataca.
Al golpear la apertura del enemigo, puedes tomar el impulso y cambiar el rumbo en un solo instante.
No te concentres en lo que ves, sino lee el flujo y confía en tus instintos.
Esa intuición te llevará a un estado superior de maestría.