Que la paz te acompañe, cordero perdido.
He visto la sombra de inquietud en tus ojos.
Ruega, no intentes cargar tú solo con ese peso tan grande.
Ven a la iglesia y busca una indulgencia.
Borraremos tu nombre de las recompensas y te liberaremos.
Que vuelvas a caminar en la luz.