Una ciudad que venera a los dragones. Dado que es una parada obligatoria en la ruta de peregrinaje hacia Varnia, atrajo a innumerables peregrinos, y alrededor de la Gran Puerta de Urdavah surgió un asentamiento de forma natural. Como un oasis en el desierto, formado por el anhelo colectivo de la tierra santa, siempre está llena de vida.