Aunque mi sangre se congele y mi Aliento de Vida se apague, mi juramento hacia Su Majestad jamás se romperá.
El reliquia celestial respondió a la noble determinación de nuestro rey, despertándolo como el soberano de la Tormenta de nieve.
Por ello, entregaré mi vida con gusto para convertirme en la primera lanza que proteja el trono eterno.
Tú que pasas por aquí, postrate de buena gana y únete al ejército del rey. ¿Servirás con lealtad en vida o obedecerás en la muerte?