Una enorme caverna escondida a mitad de camino de los acantilados de las Montañas Blancas. Este es el lugar de culto de los sacerdotes de Antumbra, que sirven a Umbra, el dios de la oscuridad. Los interminables pasillos octogonales y las hileras de puertas de hierro crean una abrumadora sensación de terror, como si uno estuviera atrapado en un vasto laberinto del que no se puede escapar.